SEMIOSIS Y SISTEMA SEMIÓTICO: DEL SIGNO A LA LENGUA


 SEMIOSIS Y SISTEMA SEMIÓTICO: DEL SIGNO A LA LENGUA[1]

1.     Las concepciones semióticas de Ch. S. Peirce.

Junto con la de F de Saussure, la obra de Ch. S. Peirce se puede calificar de seminal en la historia de la semiótica moderna. Ha determinado el surgimiento del conductivismo lingüístico y de la pragmática moderna.

2.     Las relaciones entre lógica y semiótica.

Peirce distinguía:

  • Faneroscopia: la ciencia de lo puramente fenomenológico, que identificaba con el estudio de lo material.
  • Metafísica: trataba de las entidades abstractas.
  • Ciencias normativas: como la ética, la estética y la lógica.
    • Lógica: ciencia normativa, porque trata del establecimiento de leyes que se deben seguir para alcanzar la verdad. Es la gramática del pensamiento, porque establece el guión a seguir por el pensamiento para constituir conocimiento.
      • Semiótica: en una de sus acepciones es identificada con la lógica, siendo la de esta otro nombre para la semiótica: doctrina formal de los signos.

3.     El signo o representamen. Representamen, interpretante y objeto.

Peirce comparte la teoría agustiniana de la concepción del signo: siendo éste una realidad que está en lugar de otra para alguien que se lo hace presente. Un signo o representamen es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en un aspecto o carácter.

La concepción de Peirce implica al menos tres miembros: representamen, interpretante y objeto. La función del interpretante es hacer presente el objeto mediante la conexión causal entre el representamen y él mismo.

La gramática pura estudia las condiciones formales de posibilidad de los signos para que puedan funcionar como tales.

La rama de la semiótica que está en relación con los objetos representados es la lógica propiamente dicha, la lógica pura. Esta concepción de la lógica pura como disciplina que especifica las condiciones formales y necesarias que surgen cuando el sistema lingüístico tiene un trasunto posible en el plano ontológico, es una concepción semántica.

La tercera rama de la semiótica es llamada por Peirce retórica pura. Su objetivo: determinar las leyes por las cuales en toda inteligencia científica un signo da origen a otro. Sustrato filosófico de una gran oscuridad y complejidad: cada uno de los elementos de la semiosis es relacionado con una categoría ontológica. P ej. Aquello que el representamen representa constituye lo que Peirce denomina una segundidad, que participa del “modo de ser de aquello que es tal como es, con respecto a una segunda cosa, pero con exclusión de toda tercera cosa”. Los propios signos pertenecen a la categoría de la terceridad puesto que constitutivamente están formados por tres elementos, de ninguno de los cuales es posible prescindir sin que resulte afectada la identidad del signo mismo. Los objetos pueden ser inmediatos, en cuanto se trate de objetos representados de acuerdo con el signo, o dinámicos, en cuanto realidad misma que subyace al hecho semiótico. El primero: potencialidad del signo para ser comprendido correctamente, en cambio, el interpretante dinámico se corresponde con la realidad de lo que sucede cuando se produce un signo.

La utilización de los signos no conlleva un mayor conocimiento: la independencia de niveles en el hecho semiótico no excluye la existencia de una jerarquía en que el nivel de lo objetual prima sobre los demás.

Si el signo es sustituto del objeto, sólo lo puede ser en la medida en que tal objeto puede ser representado en el pensamiento. El interpretante juega una función mediadora: nexo entre el signo y el objeto, mediante la relación de representación mediadora, concebida por Peirce de manera similar a Kant.

4.     Símbolo, índice e icono.

Otro aspecto de la semiótica de Peirce es el taxonómico.

a)      Consideró las posibles clases de signos teniendo en cuenta la propia naturaleza de estos:

  1. Cualisigno: el signo es una cualidad
  2. Sinsigno: un objeto
  3. Legisigno: una ley.

b)      Desde el punto de vista semántico:

  1. Símbolos: la más importante, en ella están incluidos los signos lingüísticos.

i.      Son legisignos[2].

  1. Índices: Los símbolos son entidades generales, abstracciones, que no pueden actuar sino a través de realizaciones físicas que funcionan como índices.
  2. Iconos: para que el objeto general denotado por el símbolo se concrete en una entidad particular, es preciso que el símbolo se haga presente mediante su réplica sonora o gráfica.

Finalmente, Peirce consideró los signos en su relación con los interpretantes y los dividió en:

a)      Remas: signos que suscitan un interpretante de una clase de objetos.

b)      Decisignos: suscitan interpretantes de hechos realmente existentes. Las oraciones declarativas, porque nos figuramos que se pueden corresponder con las cosas que realmente ocurren.

c)      Argumentos: suscitan la imagen de una ley o regularidad general.

5.     La interpretación semiótica conductista de W. Morris.

La obra de W. Morris: puente entre los pioneros de la semiótica y sus practicantes más conspicuos.

Su teoría era esencialmente conductual: los signos no son únicamente realidades representadoras, sino que su característica fundamental es la de operar similarmente a la realidad que sustituyen.

Los signos lingüísticos funcionan como estímulos sustitutorios de objetos- estímulo, predisponiendo a una respuesta ante ellos que es similar a la que provoca su presencia efectiva.

Los acontecimientos mentales, concebidos como disposiciones para un tipo de respuesta:

a)      Intérprete: cualquier organismo para el cual algo es un signo.

b)      Interpretante: la disposición en un intérprete para responder.

c)      La denotación (denotatum del signo): Lo que permite completar la serie de respuesta para la cual el intérprete se encuentra preparado a causa del signo.

  1. Un signo denota un denotatum.

La relación semiótica se entiende como una relación triádica (signo, interpretante, denotatum, referencia u objeto), pero distinguiendo entre el objeto mismo y las condiciones o propiedades que se deben dar para que pueda producirse la relación signo- denotatum: llamados por Morris significados, en un principio, y que luego denominó contextos.

6.     Las dimensiones semántica y pragmática de la semiosis

En término de los tres correlatos (vehículo-señal, designatum, interpretante) que forman la relación triádica, se pueden extraer una multitud de otras relaciones diádicas, cada una de ellas correspondida por una relación característica:

a)      Dimensión semántica de la semiosis: Se pueden estudiar las relaciones de los signos con los objetos a que son aplicables. La denotación

b)      Dimensión pragmática de la semiosis: estudio de la relación de los signos con los intérpretes. Le expresión

c)      Dimensión sintáctica de la semiosis: relación formal de un signo con otro. La implicación.

En todo sistema semiótico se puede distinguir, desde el p.d.v. sintáctico, entre:

a)      Reglas de formación: rigen la formación de los signos complejos. Reglas constitutivas de los enunciados lingüísticos, formados  por la suma de:

  1. Un signo dominante: predicado principal de la oración, si el énfasis se pone en la acción.
  2. Un signo señalador: un pronombre, pejm.)
  3. Signo especificador: restringe el dominio de aplicación de otros signos, contribuyendo a la determinación referencial. Lo que especifica a la regla semántica es una conexión de índole asociativo entre un signo y una clase de objetos-estímulo. La regla misma constituye una descripción de tal conexión. La indica. Existen diferentes tipos de asociaciones y por lo tanto, diferentes tipos de reglas semánticas.

b)      Reglas de transformación: permiten manipular estos signos complejos, derivando unos de otros.

En cuanto a la pragmática, según Morris, ha de ocuparse de todos los fenómenos psicológicos, biológicos y sociológicos que se dan en el funcionamiento de los signos.

7.     La semiología de F. de Saussure. La doble naturaleza de la lengua.

La semiología de F de Saussure: otra fuente de alimentación de la semiótica moderna, surge contemporánea a la semiótica de Peirce. Se distingue por el lugar que ocupa en ella lo específicamente lingüístico: la lingüística es una rama de la teoría de los signos:

Saussure utiliza como punto de partida sus estudios de lingüística comparada, con conciencia del doble carácter social y psicológico de los sistemas semióticos.

8.     Signo y representación: significante y significado.

Saussure se ocupó ante todo del signo lingüístico y reconsideró una relación diádica: el signo lingüístico une un concepto y una imagen acústica. Esta última es la imagen psíquica de ese sonido, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos; representación sensorial, “material”, por oposición al otro término de la asociación, el concepto, generalmente más abstracto.

Componentes genuinos del signo: significante y significado: la palabra “signo” para designar la totalidad y reemplazar concepto e imagen acústica respectivamente por significado y significante. Los polos de la relación semiótica son de naturaleza psicológica: la psicología ha de investigar objetos o fenómenos de índole mental; a la semiología sólo le atañe especificar la naturaleza de sus relaciones, que Saussure encontró sujetas a dos principios: la arbitrariedad de su conexión y la linealidad del significante.

Las propiedades del signo lingüístico: arbitrariedad y carácter lineal.

El principio de arbitrariedad domina toda la lingüística de la lengua y proporciona la primacía al lenguaje sobre otros sistemas semióticos porque, gracias a él, es particularmente evidente el ideal de procedimiento semiológico. La arbitrariedad significa que no existe ninguna conexión interna relación interior, entre el significante y el significado. No hay que confundir la arbitrariedad con la carencia de causas. El signo es inmotivado: arbitrario en relación al significado.

Los signos se diferencian de los símbolos que, están unidos a sus significados por un vínculo natural. Lo característico del símbolo es no ser nunca arbitrario por completo.

La noción de símbolo propuesto por Saussure no tiene nada que ver a la manejada por Peirce. Saussure se planteó si la semiología debía ocuparse de los sistemas simbólicos, pero partiendo de los sistemas de signos: resultaba más transparentes el ideal semiológico.

El segundo principio del signo es la linealidad del significante. Que no es la sucesión de sonidos o inscripciones gráficas, sino la imagen que éstos producen. Tener una articulación lineal:

a)      Representar una extensión.

b)      Ser esta extensión medible en una sola dimensión.

Importancia del principio de linealidad: en él reside el origen de una clase de relaciones constitutivas de cualquier lengua: las sintagmáticas. La configuración lineal de las imágenes acústicas es la causa de que la representación lingüística se efectúe mediante unidades llamadas sintagmas[3].

9.     La lengua como institución y la lengua como sistema.

La influencia de E. Durkheim en Saussure es en su concepción como institución social. La lengua tiene dos características esenciales de institución: conformada por reglas:

a)      Generales: ajenas a la voluntad individual.

b)      De carácter coercitivo: limitadoras de posibilidades en la conducta interactiva. Se aplica igualmente a los elementos componente de la lengua, los signos lingüísticos.

Si desde el punto de vista social la lengua es una institución, desde el enfoque formal, es un sistema. En el sentido Saussureano de Estructura matemática: como conjunto de elementos cuyos rasgos definitorios son relacionales: tienen una existencia cuyo significado está determinado por las relaciones que mantienen con otros elementos del mismo conjunto. Los signos lingüísticos no son, sino que tienen valor. Dependen de su posición relativa con respecto a otros signos u otra significación. Niega Saussure que la lengua constituya una nomenclatura, un repertorio fino de designaciones: una lista de términos que corresponden a otras tantas cosas.

Lingüística diacrónica y lingüística sincrónica.

El carácter arbitrario separa radicalmente a la lengua de todas las demás instituciones.

En todo sistema semiótico, hay que diferenciar entre su estado actual, y los estados que le han precedido y hay que distinguir entre lo sincrónico y lo diacrónico. Antes de Saussure se daba la primacía a la lingüística diacrónica. Saussure, frente a esto afirma la primacía de la lingüística sincrónica.: es una realidad mental, un sistema lingüístico presente en la mente de los que saben hablar una lengua y, desde ese punto de vista, carecen de pertinencia las consideraciones históricas.

El objeto propio de la lingüística es la descripción de la estructura de la lengua como si fuera algo fijo, porque así lo es para la conciencia de los individuos.: autonomía de las explicaciones diacrónicas y sincrónicas.

La elección del enfoque sincrónico determina la forma de las explicaciones lingüísticas. La lingüística ha de describir leyes completamente distintas de las que dirigen las evoluciones históricas y diferentes de otras leyes sociales.

La ley sincrónica es general, pero no imperativa. Se impone a los individuos por la coacción del uso colectivo; sin embargo, en la lengua ninguna fuerza garantiza el mantenimiento de la regularidad cuando reina en algún punto. Las regularidades (leyes) lingüísticas son fruto del hecho de la naturaleza sistemática de la lengua. Tales leyes están sujetas a una causalidad estructural: el cambio de elementos provoca reacomodaciones del sistema que se explican precisamente por la necesidad e de conservar una determinada estructura.

En la medida en que la lingüística fue considerada como una disciplina particular de la semiología general que él ideó, Saussure influyó de una forma decisiva en el desarrollo de la teoría del signo a lo largo del siglo XX.


[1] Apuntes tomados del libro FILOSOFIA DEL LENGUAJE.- de Eduardo de Bustos Guadaño.- UNED 1999 pgs. 195- 230

[2] Signos que operan como tales en virtud de una ley, de una regularidad a través de instancias particulares.

[3] Unidades estructurales de significación por adjunción, por disposición concatenada en un continuo.

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