El primer desgarrón cuesta doscientos francos”.- ELSA TROILET


Premio Goncourt de Novela 1944

.

 

Presentación

 

Esta obra de Elsa Triolet consta de varias historias todas ellas ambientadas en la Francia ocupada de principio de los cuarenta, cuando la firmeza y ferocidad de la ocupación nazi volvía desesperanzado todo deseo de verse libre de la opresión alemana.

 

 

Los amantes de Aviñon

 

La primera obra, titulada "Los amantes de Aviñon", trata de las vicisitudes de una joven que se enamora de un activista con el que tiene una aventura minúscula en un cuartucho de Aviñon, donde antaño vivieron su amor unos amantes que habían dejado impreso las huellas de su aventura en las paredes, por medio de mensajes y grabados característicos.

 

 

Es una obra cursi y un poco patética. Parece que su único valor literario estriba en que fue publicada clandestinamente en la época de ocupación, y que fue leída y distribuida como literatura de combate, para enaltecer el espíritu de la resistencia frente al nazi invasor. Aparte de esto, no he encontrado en esta historia de amor y combate, ningún valor literario que pueda valerle por sí mismo un lugar en las letras universales.

 

 

La vida privada o Alexis Slavsky

 

Guarda con respecto a la anterior obra el denominador común de obra clandestina escrita en Francia durante los años de ocupación nazi.

 

 

Trata de los avatares de una pareja compuesta por un pintor de la bohemia, llamado Alexis Slavsky y de su acompañante femenina, no se indica si barragana o esposa, Henriette.

Se describen las vicisitudes de estos dos seres que se ven envueltos en una serie de episodios en donde aparecen las sucesivas amantes de Alexis, con la consiguiente mudanza  de domicilio en cada una de ellas, lo que le proporciona a la escritora posibles para describir el estado de vida de la sociedad francesa en tan humillante trago; y también el estado de la cuestión de aquellos que colaboraron con las fuerzas de ocupación, trasladando a este extraño artista bohemio de sin par egoísmo y falta de compromiso con su país, que vive de una forma algo despegada una vida privada de la que no pretende huir, un continuo deambular por estados anímicos más propios de un burgués acomodado, que de un pintor que vive en la miseria y se encuentra acosado por la opresión política, la censura y la amenaza de una denuncia sumarísima que le lleve al campo de concentración o al paredón.

 

 

La obra concluye con un Alexis Slavsky coronado como trabajador de la Resistencia por casualidad. De pronto, la dureza y cierta malquerencia mostrada por todos los paisanos que conocen, se ve cambiada por un gesto de gran naturalidad que lleva al artista perezoso y ciertamente egoísta, concentrado exclusivamente en la satisfacción personal de su privacidad, a salvar a un joven perseguido por la Gestapo y conducirlo casi por casualidad a presencia de los maquis.

Esta acción lava su aparente falta de colaboración con la lucha francesa contra los nazis, y le abre las puertas a la confianza de los conciudadanos franceses.

Guarda una cierta similitud con la anterior novela, si bien en esta la resistencia se ve desde el punto de vista de un artista recluido en su vida privada que la circunstancia vital le pone en la tesitura de elegir trascendentalmente entre seguir sumido en su egoísta visión de la vida o de colaborar con la consecución de la paz a través de la lucha civil, y la otra, la vida privada se contrapone con la necesidad de la amante de colaborar por amor al amado y su causa.

En ambas, se exalta el espíritu de la Resistencia francesa.

Especial interés es el personaje que encarna la abnegación y la entrega de una persona por la vida de otra, Henriette, siempre hacendosa y pendiente de la mínima necesidad de Alexis para satisfacerla, aún a costa de su propia salud.

En mi opinión, Henriette representa más que la mujer francesa, el espíritu francés en lo femenino.

La misma Francia.

 

Manuscritos encontrados bajo un melocotonero y la parte final

 

Es la tercera de las narraciones que componen esta patética novela de compromiso político.

Estos cuadernos fueron publicados de manera clandestina en los años de ocupación alemana en Francia, por lo que cualquier extrapolación que quiera hacerse de lo en ellos consignado, no puede extralimitarse de los contextos puramente temporales y circunstanciales. Quiero decir con esto, que la novela, alejada del espacio circunstancial en la que fue escrita, no tiene el mínimo valor literario, y creo que esto puede aplicarse a toda esta obra tristísima.

 

 

Es indudable que el diario de una rusa nacionalizada francesa, con sus dudas, compromisos, miedos, y observaciones sobre la vida, constituye un indudable documento digno de ser considerado como modélico de la resistencia cultural, a la invasión extranjera. Pero, a larga distancia, poco más. Quizás interese a los antropólogos de la guerra, o también a quienes quieren rescatar la memoria de todas las épocas, aquellas eventualidades que pudieran quedar sin voz, pero es que esta voz es bastante patética, un poco tibia y bastante mala literata.

 

 

En otra circunstancia no hubiera recibido premio alguno, esta escritora Elsa Triolet. Es lo que pienso

A la lectura de la parte final, que titula como la novela entera. De nada sirve recordar que las tropas cuando son objeto de canto literario, se vuelven pesadas, cuando no ridículas, cuando se han desactivado sus espoletas o sus detonadores.

Y esto le sucede a esta obra, me imagino que también a otras con el mismo tema. Esta, aparte del patetismo que rezuman algunos pasajes, y la cursilería del papel de la heroína esforzada que al final acaba masacrada en Auschwiszt, no tiene literatura de soporte.

Como obra de circunstancia, es peor que las que se referían a la primera guerra mundial. Allí, quizá el patetismo iba coronado por cierto idealismo o cierto desengaño de este mismo idealismo, que trazaba tonos poéticos de auténtica desgracia sobre los protagonistas, a lo mejor porque sólo se referían a los soldados, y a la vida de trinchera. En este caso, como las víctimas de guerra, los luchadores, son la propia sociedad civil, está desprovisto de la aureola digna del guerrero. Todo es más frío, más desnudo, más feo, menos tolerable, menos digno de todo, de canto, de memoria y de pasión.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s