Exposición de CIRENDE


Exposición de Cirende

En los días finales de año, concretamente el día 12 de diciembre, frío, lluvioso y tempranero, acudí a una exposición de un compañero de trabajo que firma os cuadro como Cirende. Los pormenores de la exposición las transcribo a continuación, además de una valoración creo que objetiva, de lo que allí vi.

CIRENDE

 

1.                     6 CUADROS

2.                     Visión central expandida

3.                     Ojos abiertos, desmesuradamente, en blanco sobre corazón verde (negativo del ojo zarco) y fondo negro, salpicado de sangre, barro y sustancia verde (¿bilis?), jugo gástrico o panza de vaca.

4.                     Dos collages, mejor composiciones: uno de ellos lo preside un ojo de pupila verde, manchado también de salpicaduras rojas, marrones, que todo lo nublan, rostros desencajados, cambio climático, foto de mujeres de finales de siglo XIX, al parecer empleadas de fábrica, con fondo de soldados, ringlera de soldadotes, cadetes de hace un siglo o siglo y medio posando como ante la foto de la promoción, como si la historia se expusiera en forma de naturaleza muerta.

5.                     Otro con temas de la política nacional actual, éste manchado todo de sangre y en el centro un rostro desencajado, como aterrorizado por lo que le circunda.

6.                     Otra de las composiciones revela el mundo, observado éste por un ojo casi animal, demoníaco (estampas del consumo, del engaño, de la alegría vendida y falsa, del palimpsesto brutal de la mentira consumista, lo peor del estado del bienestar, el amor mecanizado y rebajado a la sexualidad más basta, dos  anuncios publicitarios en el que aparecen mujeres sonrientes de labios muy rojos pero sin ojos (gafas de sol), ciegas a conciencia, conectando de lleno con el tema del cuadro, además aparecen los engaños urdidos por las sociedades y las instituciones que viven de la rapiña legal para  someter al hombre de hoy.

7.                     Otro central es como una bandera, creo que la nacionalista vasca que no sé cómo se escribe si con K de kaka o con c de corazón, su con Y griegavasca, o con i hispanolatina. Juraría que los colores están invertidos, como una negación del artista ante tal símbolo. La bandera o lo que sea está salpicada de materia fecal y mingitoria en elipsoide, imitando a un ojo, solo que aquí es el ojo el que sostiene o provoca la confusión, no es el ojo el representado en el cuadro mirando al espectador, sino un ojo que se obnubila ante lo que ve, negándolo como realidad y procurando no concederle la mínima credibilidad ni el mínimo prestigio. Es el ojo fecaloide el que provoca o causa la confusión.

8.                     El cuadro que discordia: uno con mnotivo  decorativo en el que parece observarse la luz al final, como un deseo, aquí las gotas, las líneas que confunden o tapan la visión, proyectados directamente por el pintor en los restantes cuadros, no están salpicados en desorden, al voleo, sino primorosamente dibujadas y dispuestas en forma radial, ordenadas en planos cíclicos, formando un bosque racionalizado  del que penden motivos sexuales, pero en el que agrede una coloración bermellón como mariposa sangrienta a la izquierda. Por este detalle afirmo que los pintores también saben hacer metáforas con los motivos discursivos de sus cuadros.

Visión pesimista de la vida y del futuro. Reivindicación de la vista como sentido de la inteligencia y de la luz de la razón, actualmente manchado por la sangre y la porquería, y  refutado por la indelicadeza, la estulticia y la vileza de un mundo contumaz, necio a fuerza de voluntad.

 

 

Circunstancia de la exposición

 

La exposición se encuentra en la calle Muro de los Navarros, a pocos metros de la puerta Osario. Los cuadros están expuestos en un escaparate de un local con puerta a la izquierda en el que figura en letras mayùsculas  la razón social o lo que se pretenda que es una asociación de artistas independientes, llamada CREA, y en la jamba de la puerta un nombre paródico "El cangrejo Pistolero".

 

 

Bueno es comenzar a camuflarse, para que lo que parece ser no es o lo que debe ser, parezca no ser. En fin, un juego de ocultaciones de que son muy forofos los artistas de hoy

 

 

Debo decir que Cirende es un artista bastante generoso, en el sentido lato de la palabra, pues no sólo deja al descubierto su obra al común deseo de los ojos más o menos curiosos del transeúnte, sino que además únicamente interpone entre su obra y la codicia del que pasa una frágil barrera cristalina, y sin vigilancia. Claro que también podría interpretarse como cierta arrogancia por parte del artista, que entienda la innecesaria presencia de elementos vigilantes para una obra que teme va a ser observada por pocos, y a estos pocos, muy pocos más van a comprender el valor real de lo allí expuesto. En fin, no deja de ser un juego de ratones y gatos: expongo sin reservas, vedme; sin embargo, aunque me veáis no me vais a valorar, no vais a saber quién soy. Entiendo que es una postura muy valiente, y al mismo tiempo bastante astuta. Jugar con la buena opinión de los entendidos, es como exponer un cuadro de Picasso, completamente desconocido, en medio de una plaza a sabiendas que nadie lo va a apreciar, y por lo mismo, nadie va a atreverse a robarlo para instrumentalizar con él su propia fortuna.

 

 

Digresiones a parte, debo decir en detrimento de estas exposiciones que la falta de correcta iluminación, y del espacio conveniente para una observación directa (pues debe hacerse siempre a través del cristal, lo que impide apreciar las texturas y las materias con que está confeccionada la obra), esto unido al hecho de tener obligatoriamente que examinar desde la calle (los cuadros no pueden ser contemplados desde el interior de la tienda debido a que la performance se proyecta desde el interior, como un escaparte), en medio de una acera estrechísima, sin poder ejercer la perspectiva, mediante el alejamiento, si no se quiere correr el riesgo de ser atropellado por el primer coche filisteo ajeno a tal derroche artístico atesorado en el local esxpositor, todas estas circunstancias, resumo, dificultan enormemente la apreciación de las pinturas expuestas, que, como antes dije, más que en exposición están en escaparate. Diferencia abismal: pues en la primera va referida al arte y la segunda, al mero producto. Sé que su intención no es la de vender (porque en caso contrario, se verían las etiquetitas siempre burdas de algunos de estos lugares, indicando el precio que ha puesto el autor a su "producto".

La ausencia de estos marchamos son muy de agradecer.

 

 

Dicho esto, y sin ánimos de ofender, pues quien no tiene medios, debe hacer lo imposible porque su obra se de a conocer, aunque se exponga en un matadero o en una tasca mugrienta, voy a referirme a la exposición-escaparate de Cirende.

 

 

Comentario final

 

 

 

El pasado día 13 de diciembre, atendiendo a la invitación que me hizo hace algunos días el propio artista, me acerqué a la exposición de sus últimas obras pictóricas.

Dicha exposición se encuentra en la calle Muro de los Navarros, a pocos metros de la puerta Osario. Los cuadros están expuestos en el escaparate de un local con puerta de acceso izquierda, en la que figura con letras mayùsculas negras sobre una placa blanca la razón social o lo que se pretende como una asociación de artistas independientes, llamada CREA, figurando en la jamba de la puerta un nombre paródico, "El Cangrejo Pistolero".

Bueno es comenzar a camuflarse, para que lo que parece ser, en realidad no es; o lo que debe ser, parezca no ser. En fin, un juego de ocultaciones del que son muy forofos los artistas de hoy, y por qué no decirlo, no sólo los artistas, sino quizá la sociedad postmodernista entera.

 

Debo decir que Cirende es un artista bastante generoso en el sentido lato de la palabra, pues no sólo deja al descubierto su obra al común deseo de los ojos más o menos curiosos del transeúnte, sino que además únicamente interpone entre su obra y la codicia del que pasa una frágil barrera cristalina y sin vigilancia. Claro que también podría interpretarse semejante donosura como depositaria de una cierta arrogancia por parte del artista, el cual quizá entendiendo la innecesaria presencia de elementos vigilantes a favor de una obra que teme va a ser observada por pocos, y de éstos, muy pocos más van a comprender el valor real de lo allí expuesto, prefiere aparecer como desprendido y en cierto modo nada codicioso del provecho que pueda extraer de sus obras. En fin, no deja de ser un juego de gatos y ratones: expongo sin reservas, vedme; sin embargo, aunque me veáis no vais a ser capaces de valorarme, no vais a saber quién soy, así que "tomad y comed, este es mi cuerpo", yo paso por artista completo y liberal, y esto gracias a vuestra ignorancia. Entiendo que es una postura muy valiente, casi redentora, pero al mismo tiempo bastante astuta. Jugar con la opinión de los neófitos es como exponer un cuadro de Picasso, completamente desconocido, en medio de una plaza a sabiendas de que nadie lo va a apreciar, y por lo mismo, nadie va a atreverse a apropiárselo para instrumentalizar con él su propia fortuna.

 

Digresiones a parte, debo decir en detrimento de estas exposiciones que la falta de correcta iluminación y del espacio conveniente para una observación directa (pues debe hacerse siempre a través del cristal, lo que impide apreciar las texturas y las materias con que está confeccionada la obra), esto unido al hecho de tener obligatoriamente que examinar desde la calle (los cuadros no pueden ser contemplados desde el interior de la tienda debido a que la performance se proyecta desde el interior, como un escaparte), en medio de una acera estrechísima, sin poder ejercer la perspectiva, mediante el alejamiento, a no ser que se quiera correr el riesgo de ser atropellado por el primer coche filisteo ajeno a l hecho contemplativo, todas estas circunstancias, resumo, dificultan enormemente la apreciación de las pinturas expuestas, que, como antes dije, más que en exposición están en escaparate. Diferencia abismal: pues en aquélla  la referencia apunta al arte , pero la segunda, al nudo producto. Sé que su intención no es la del mero vender (pues de lo contrario, se hubiera cuidado de colocar las etiquetitas siempre burdas, con el precio en que valora el autor su "producto".

La ausencia de estos marchamos son muy de agradecer.

La ventaja, porque de todo ha de haber, es que las obras se muestran en horario ininterrumpido las veinticuatro horas del día durante el tiempo en que están allí colocadas. Como los anuncios publicitarios, son omnipresentes y al mismo tiempo invitan a ser contempladas a diferentes horas del día o de la noche (esto evidentemente no puede hacerse en una sala de exposiciones, limitada la contemplación y el disfrute de las obras a la franja horaria fijada por el organizador del evento). Yo, sintiéndolo mucho, no dispongo de tanto tiempo y realizo la presente, con todo pesar, de una sola visita. Me acerqué a la exposición uno de los días más desapacibles de este mes de diciembre. Hacía un frío de perros a las once y treinta de la mañana del viernes 12 de diciembre de 2008, pero debo decir que, supliendo con buena voluntad los inconvenientes a que antes me referí, la exposición se ve con deleite y resulta gratificante.

 

 

Dicho esto, y sin ánimos de ofender con lo que antecede, pues entiendo que quien carece de medios, quien no dispone de padrinos burgueses que estén dispuestos a invertir en su talento, o quien no es conocido o alabado y, por ende, protegido por las instituciones verracas que hoy en día saturan de estulticia los ámbitos supuestamente culturales donde asientan sus posaderas viscosas, debe hacer lo imposible porque su obra se dé a conocer, aunque ésta haya de exponerse en un matadero o en una tasca mugrienta; dicho esto, repito, voy a referirme a la exposición-escaparate de Cirende.

 

 

Componen la exposición, seis cuadros de diferente tamaño, emparejados, tres de ellos mayores que los otros, no aventuro medidas, porque soy extremadamente nefasto e tales apreciaciones geométricas, vamos, que no doy una. No se aprecia bien desde la calle, pero parecen lienzos al óleo.

Las temática parece variada a simple vista, aunque pueden verse elementos que de alguna manera dan uniformidad a los mensajes del conjunto.

1.   El tema central parece ser la mirada, bien la proyectada desde el interior del cuadro en forma de ojo que observa no solo lo que tiene enfrente el propio espectador del cuadro, sino lo que le circunda.

2.   La disposición de todos ellos es radial: el ojo central, o el objeto que preside el cuadro, está en el centro y los restantes elementos están dispuestos a su alrededor.

3.   Son composiciones discursivas: es decir, todas las obras llevan carga de mensajes mas o menos evidentes usando métodos retóricos, bien la sinécdoque en los "collages", bien la metáfora en el de la bandera en negativo (hablaré de esto más adelante), bien la aposición, en los cuadros figurativos.

4.   En todos existe la intención de negar el posible mensaje que pueda extraerse de su contemplación, mediante un uso bastante claro de materia salpicada que, aunque parezca arrojada a voleo, no carece de intención, en cuanto al cromatismo de su presencia "arrojada" o "proyectada" sobre la obra, como si el artista se hubiera adelantado al espectador y le hubiera ahorrado el trabajo de refutar lo figurado en el cuadro con las salpicaduras que todo intentan negar, o velar, negar o cubrir.

 

 

El cuadro que parece presidir, por su tamaño y su posición central (cuadro 5), representa como motivo central un ojo desmesuradamente abierto, en blanco sobre corazón verde (negativo del ojo zarco) y fondo negro, salpicado de sangre, barro y sustancia verde (¿bilis?), jugo gástrico o panza de vaca. Este uso de lo negativo es paródico, y refrenda mi opinión de que la obra posee una gran carga discursiva referida al estado contemplativo del artista, que no se conforma con ver, sino que establece unos parámetros sobre los que la contemplación es lícita. Este cuadro del ojo blanco sobre el corazón verde, puede decirse paródico, pues representa la mirada blanca, de buena fe que hoy en día es imposible echar sobre la realidad que nos circunda. Por ello, esta actitud digamos de contemplación inocente es tachada con salpicaduras de sangre (bermellón puro), barro o materia fecal (no es tan evidente como en otro de los cuadros) y sustancia verde, que podría semejarse a la bilis o al quimo rumiado de una vaca. Es el más desolador de toda la obra, pues refleja un absoluto desencanto y cautiva por su carácter nada cauterizador, pues lo que pretende es dejar abierta la herida por la realidad amenzante y mentirosa representada en las sucesivas estampitas que circundan al ojo.

 

 

La anterior obra es la parte mala del positivo ojo zarco con pestañas que mira desde su centralidad (cuadro 1), como el ojo que representa al padre eterno en las antiguas ilustraciones seudo masónicas que permitían  los iletrados censores del tardo franquismo. Aquel ojo que todo lo veía y que todo lo podía, ha sido sustituido por un ojo zarco, oliváceo, que se ve desbordado por escenas de la política y por el desasosiego social de la mentira representado por algunas estampas en que se representan anuncios publicitarios, iconos de la falsa felicidad que ni el dinero es capaz de comprar, señoras deliberadamente reidoras, con gafas de sol (negadoras del ojo, ocultadoras de la mirada sana).

Este es uno de los dos collages, mejor composiciones: este ya mencionado presidido por el ojo de pupila verde, manchado también de salpicaduras rojas, marrones, que todo lo nublan, rostros desencajados, cambio climático, foto de mujeres de finales de siglo XIX, al parecer empleadas de fábrica, con fondo de soldados, ringlera de soldadotes, cadetes de hace un siglo o siglo y medio posando como ante la foto de la promoción, como si la historia se expusiera en forma de naturaleza muerta.

Otra de las composiciones (cuadro 3) revela el mundo exterior, observado esta vez por un ojo casi animal, demoníaco (estampas del consumo, del engaño, de la alegría vendida y falsa, del palimpsesto brutal de la mentira consumista, lo peor del estado del bienestar, el amor mecanizado y rebajado a la sexualidad más basta, dos  anuncios publicitarios en el que aparecen mujeres sonrientes de labios muy rojos pero sin ojos (gafas de sol), ciegas a conciencia, conectando de lleno con el tema del cuadro, además aparecen los engaños urdidos por las sociedades y las instituciones que viven de la rapiña legal para  someter al hombre de hoy. Es el más reflexivo de la colección, y al mismo tiempo, el más redundante. El pintor parece pasar revista a los estadios urdidos por la sociedad falsa que nos impone un bienestar en contra de nuestros propios intereses, basado en la necesidad imperiosa de consumir de manera compulsiva toda clase de productos inútiles, y de especular con riquezas no soportadas por sustancias materiales, que son todo humo y mentira. Esto es claramente representado por el consabido conjunto de salpicaduras refutatorias y por la velada pátina que interpone el autor, como una tela colocada entre la realidad y el deseo.

 

 

El cuadro en el que expresa el autor más indignación está situado a la derecha (¿es intencionado?), y es de los que yo llamo, pequeño (cuadro 6). El tema general es política nacional actual. Ninguna concesión a la benevolencia con la historia, o con la manipulación social, como en los anteriores cuadros, en que existía un atisbo de solución. La firme refutación en éste a base de rojo sangre y sustancia fecal (esta vez indiscutible por el color y la textura) con la presencia en el centro de un rostro humanoide desencajado no se sabe bien si de dolor o de asco, como aterrorizado por lo que le circunda, hace indiscutible la actitud refractaria del artista por los personajes allí representados y su significación (el rey Juan Carlos como jugando a las cartas con el rostro perdido, casi recién sacado de una juerga, el presidente Zapatero en actitud chulesca o sacerdotal con su habitual prótesis de risita eginética, Chaves con el rostro desencajado en actitud beligerante como un Moussolini, etc.)

 

 

Existen dos obras que aun conservando las características básicas observadas en las anteriores, se diferencian de ellas, por ausencia o sustitución de alguno de los motivos, bien en el primero de los casos que voy a relatar, por el carácter de fondo de cuadro, formando el cuadro mismo, es decir, la realidad invertida que convierte lo expuesto en objeto activo.

Es el caso de cuadro (cuadro 4) situado a en la parte inferior izquierda (¿vuelve a ser casualidad?). Se trata de un lienzo central, es como una bandera, creo que la nacionalista vasca. Juraría que los colores están invertidos, como una negación que hace el artista a tal símbolo político. La bandera o lo que sea está salpicada de materia fecal y mingitoria en elipsoide, imitando a un ojo, solo que aquí es el ojo el que sostiene o provoca la confusión. No es el ojo el representado en el cuadro mirando al espectador, como ocurre en los restantes cuadros, sino un ojo que se obnubila ante lo que ve, negándolo como realidad y procurando no concederle la mínima credibilidad ni el mínimo prestigio. Es el ojo fecaloide el que provoca o causa la confusión. Supone un discurso inverso a lo anterior, pues si bien el ojo que observa, llamémosle la mirada, se fija en el espectador sobre todo, este ojo formado de materia es el que obliga al espectador a mirar a través de él. Resulta de un efecto bastante inquietante.+, y creo que no es casualidad que el artista lo haya empleado, de manera metafórica con la realidad política, si no al menos de país vasco, si de una manera generalizadora con el del nacionalismo insolidario que padecemos en España.

El cuadro que resta (cuadro 2):  motivo  decorativo en el que parece observarse la luz al final, como un deseo; aquí las gotas, las líneas que confunden o tapan la visión, proyectadas directamente por el pintor en los restantes cuadros, no están salpicadas en desorden, a voleo, sino primorosamente dibujadas y dispuestas en forma radial, ordenadas en planos cíclicos, formando un bosque racionalizado  del que penden motivos sexuales. Sin embargo, agrede una coloración bermellón como mariposa sangrienta a la izquierda (no es posible tanta casualidad inocente). Por este detalle afirmo que los pintores de hoy también se están animando a hacer metáforas con los motivos discursivos de sus cuadros.

La conclusión que extraigo de la obra expuesta de Cirende es toda ella refleja una visión pesimista de la vida y del futuro, tanto social como política. Toda la realidad aparece deliberadamente velada por un cristal sobre el que se han salpicado gotas de sustancia biológica (visceral, genética) que todo lo confunde y todo lo niega. Reivindica la vista como sentido de la inteligencia y de la luz de la razón, actualmente manchado por la sangre y la porquería, y  refutado por la indelicadeza, la estulticia y la vileza de un mundo contumaz, necio a voluntad.

Me parece una obra valiente de artista comprometido al que le preocupa y a la vez indigna la realidad que le circunda, que no la teme pero a la que comienza a despreciar por culpa de quienes pretenden adueñarse de ella a manera de entes controladores.

Los mensajes me parecen obvios y de una claridad meridiana, porque operan a la contra. Leer la obra sobre una negación de la confusión es reclamar, vindicar la luz, la razón y las cosas claras, y esto es lo que hace Cirende en su obra, con gran firmeza y pulcritud.

 

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