Los Lobos.- Reseña


Reseña de la novela LOS LOBOS de Guy Mazeline, premio Goncourt de 1932.

Se trata de una novela muy larga de corte proustiano en la que la acción viene determinada por la actitud, impulso e interacción de los personajes, la mayoría meros actantes o representantes de fuerzas actanciales. Se enmarca en la tradición de las novelas de decadencia de familias burguesas, en las que un gran fundador, creador de un imperio comercial lega su herencia a un hijo incapaz de conservarlo y que suele dilapidar en medio de la desidia y el vicio o la ineficacia o pereza la fortuna heredada. En este caso también se aúnan la fuerza del naturalismo, indefectiblemente representada por los depredadores, los hijos del industrial, junto con su mujer y familiares o parte de la propia madre del protagonista, y la sensación de invariabilidad de un destino ineluctable, trágico, y de cumplimiento de un fatum un castigo seguro por la actitud caprichosa y desidiosa del responsable.

Los Lobos cuenta la historia de Maximilien Jobourg, hijo de un armador de los grandes de la ciudad portuaria francesa de El Havre. La historia arranca en el momento en que en un tarde de abril de 1892, mientras lee en una tragedia de Racine los pesares de Hermione replicados por Orestes. Cuando Maximilien acude a un hotel de mala fama obedeciendo a una nota que le hacen llegar, los lobos, es decir, su propia esposa Marie Jeanne, su madre Virginie Jobourg, sus hijos Blanche, Didider, Geneveive, Vincent el cojo y Benoit, así como sus yernos el “hipócrita”  Georges Piege y  el desenvuelto y dandy Gilbert  Saint- Remon; también los elementos discordes de la sociedad que le odia por lo que representa, los Durban, los Fauvelle, los Sluje y Banmagartelle, y también al final Mathilde Gaelou, todos estos comienzan su tarea de depredación. Cada uno de ellos obedeciendo a sus propios intereses, hacen presa en el armador, quien obedeciendo solamente al deseo ciego de ser feliz con la hija de un antiguo amor, verdadero amor de juventud, y que se presenta como Valerie, “supuesta sobrina”. Por conseguir liquidez para mantener a esta jovencita ignorante de su condición, hipoteca y vende Maximilien lo que le queda de la herencia  de su padre.

Presionado por su propia madre, quien maquina de cerca por medio del propio yerno de Maximilien, Georges, para dejarlo en la ruina y a que le pague una vieja deuda de honor y de orgullo mal entendido, pues no le ha perdonado a su hijo el casamiento contra su voluntad con su actual mujer, a quien detesta, Maximilien dilapida todo el capital que le queda, por un lado dotando a una de sus hijas Geneveive ante la amenaza de un escándalo y luego, por su “sobrina” que es verdaderamente su hija, se humilla ante su madre y acepta su ayuda.

La obra va entrando en una dinámica de reproches odios, rencores, extorsiones, huidas sin reconciliación entre los distintos miembros de la familia, que va encaminado a la obra hacia un final de tragedia griega “afrancesada”. Porque cuando Valerie, enterada por Mathilde, supuesta amiga de su madre, de la verdadera identidad de su supuesto tío, responsabiliza a éste del suicidio del que ella había tomado siempre por su verdadero padre, culpando a aquél del amargo existir de éste y haciéndole partícipe también de haber contribuido a precipitar por la pena y el abatimiento el final de su madre. No encontrando salida alguna, la hija, una de las víctimas del tiempo y de los lobos ( la cordera) , se suicida en su apartamento precipitando con eso la muerte de su padre Maximilien; quien, creyendo que sus propios hijos, que le buscan desesperadamente por las callejas del puerto, lo hacen en realidad para entregarlo a la justicia como autor de un crimen, se arroja de puro desengaño al agua del puerto desde un dock con los bolsillo llenos de guijarros, para hundirse en el agua. Así ocurre, porque las zambullidas reiteradas de sus hijos en un denodado afán por rescatarle son inútiles. Y la obra termina de esta manera desagarrada y con montones de hilos sin anudar y sin resolver la mayor parte de los caminos abiertos.

La obra resulta como tragedia demasiado larga y poco dramática. Contienen un exceso de escenas prescindibles que no tienen un desarrollo ni continuidad y parecen suponer una demostración de fuerza por parte del autor, que se pretende moderno. Las referencias continuas a lo que piensan los personajes que intervienen en los diálogos, despojan a las escenas del marco representativo y convierte los diálogos en escenas balzquianas, paradigmas de estudios de costumbres o de tesis. Son diálogos excesivamente preparados, informativos en exceso y en algunos casos, los más, bastantes aburridos. Detienen la acción o la hacen ciertamente redundante.

Esta redundancia es lo único en común que guarda esta obra con la presencia proustiana que es evocada en casi todas las páginas de este novelón. Pero ni el sujeto óntico, ni la excusa motora, hace de Valerie una presencia en toda la obra comparable al nous anaxagorasiano, que produce el movimiento pero que permanece ajeno al universo que mueve y que luego se desentiende de él, dan cierta visión de conjunto orgánico, cuando menos visión narrativa imbricada al conjunto. Éste se mueve como un retablo de figuras, con sus viñetas perfectamente delimitadas y sin interactuar, cada una de ellas dirigida por el novelista en un plano instrumental, y representa cada una su papel depredador de manera inflexible hasta el final. El único personaje con el que simpatiza el propio autor es el mayor de Maximilien, Didier; pero, desde punto y hora que le da por empatizar con su padre, se convierte a su vez en una víctima, y es el mundo de los lobos, personificado en la belleza de la hija de uno de los adversarios de Maximilien, Elisabeth Durban, quien le hace posicionarse en el lado de los depredadores, convirtiéndose al final Didier en otro de los que exigen su parte.

La obra concluye dando sentido cíclico a la primera escena con que arranca la obra, es decir, evocando la tragedia de Racine con las palabras de Orestes que Maximilien lee en voz alta poco antes de salir para el hotel L’ Atlantique. Una estudiada “mise en abime” que intenta conferir cierto aire cíclico o marco envolvente a esta novela, nada mala aunque larga en exceso.

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Una respuesta a Los Lobos.- Reseña

  1. Luis M. dijo:

    Releídas partes de la obra para repasar algunos comentarios, me doy cuenta de que algunos diálogos son verdaderamente valiosos, y no están nada mal las descripciones sobre todo de exteriores, en especial de las calles soledas y del puerto de Le Havre en tinieblas.

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